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Fondos de private equity: lo que el empresario necesita saber

Pedro Koerich·Vicepresidente

Con tasas de interés altas y crédito caro, muchos empresarios se preguntan dónde buscar capital para crecer, consolidar su sector o atravesar un momento de presión financiera. Una respuesta puede estar en la asociación con inversionistas financieros – los fondos de private equity (PE), conocidos por algunos empresarios, pero aún poco familiares para muchos.

Estos inversionistas siguen activos en Brasil: en 2025, los fondos de PE realizaron 119 operaciones en el país, por R$ 56.800 millones, según TTR Data[1]. En 2026, con el capital más caro, el ritmo se desaceleró – 56 operaciones hasta agosto (−13%), por R$ 34.500 millones[2] – y los gestores se volvieron más selectivos. Llegar preparado marca aún más la diferencia. A continuación resumimos los puntos principales.

¿Qué son los fondos de private equity y cuáles son sus objetivos?

Los fondos de private equity son administrados por gestores profesionales como alternativa de inversión para sus clientes. Invierten en empresas de capital cerrado o abierto, mediante la adquisición o suscripción de acciones – convirtiéndose en socios – o, en algunos casos, mediante la suscripción de obligaciones (debentures).

Como la mayoría de los negocios involucra empresas medianas de capital cerrado (el llamado middle market), se trata de una alternativa de mayor riesgo, y los gestores buscan retornos por encima del promedio del mercado, en general entre el 15% y el 25% anual. Sin embargo, los fondos corren los mismos riesgos que el empresario y la operación, y los retornos varían según el desempeño de los negocios invertidos.

Para entregar el retorno exigido, los gestores evalúan principalmente:

  1. Potencial de crecimiento de ingresos y resultados – mediante la adquisición de competidores (consolidación de sectores fragmentados), la corrección de ineficiencias (nuevas prácticas comerciales, contables, financieras y de gobierno corporativo), la atracción de talento, nuevas fuentes de financiamiento y la revisión de la estrategia de crecimiento orgánico;
  2. Un sector con buenas perspectivas de crecimiento para los próximos años;
  3. La diferencia entre el múltiplo de entrada y el de salida, ya que las empresas invertidas por fondos tienden a valorarse mejor gracias a la mejora del gobierno corporativo;
  4. Una salida clara tras 5 a 7 años en promedio – normalmente mediante la venta a un comprador estratégico (empresa nacional o multinacional del sector) o una oferta pública inicial (IPO).

¿Cuáles son las estructuras de inversión más comunes?

Existen tres estructuras tradicionales:

  1. Compra de acciones (operación secundaria o cash-out): el dinero va a los socios vendedores;
  2. Suscripción de acciones (operación primaria o cash-in): el dinero va a la caja de la empresa. Es la preferida por los gestores, ya que una caja mayor acelera el crecimiento;
  3. Obligaciones convertibles en acciones (operación mezzanine): el fondo actúa inicialmente como acreedor, con una deuda bien estructurada – en general con un período de gracia de 1 a 3 años sobre el capital e intereses por debajo del mercado, que también pueden tener un período de gracia negociado. El objetivo es acompañar la evolución de la compañía y convertir la deuda en acciones si el desempeño alcanza o supera el plan acordado.

¿Qué perfil de fondo se ajusta a su momento?

Cada empresario tiene su estilo de gestión y sus objetivos personales y profesionales, y conocerlos bien es esencial para elegir el fondo adecuado. En resumen, existen fondos de perfil pasivo y de perfil activo en relación con la gestión, y la interacción diaria cambia radicalmente entre ellos.

Los fondos pasivos suelen adquirir participaciones minoritarias y actúan como apoyo calificado de la gestión actual. A través del directorio, ayudan a discutir estrategias y mejoras. Con experiencia en diversos negocios y una amplia red de relaciones, facilitan la atracción de talento, el acceso a nuevos tipos de financiamiento y la realización de adquisiciones, entre otros frentes de desarrollo corporativo. Por lo general, designan un director financiero de su confianza o, como mínimo, validan el modelo de gestión.

Los fondos activos, en la mayoría de los casos, asumen una posición mayoritaria, aunque el control puede ser compartido. Su actuación es más intensa y presente en la operación; hay casos en que el fundador deja el día a día y pasa a actuar como consejero. La elección de los principales ejecutivos y las decisiones estratégicas pasan a ser, sobre todo, prerrogativa del nuevo socio, para acelerar el crecimiento.

Otro punto es el conocimiento sectorial. Buena parte de los fondos es generalista, con empresas invertidas en diversos sectores. También hay fondos especializados – en educación, salud, tecnología o agronegocios, por ejemplo –, lo que puede generar sinergias entre las empresas invertidas y mejorar las perspectivas de crecimiento y rentabilidad.

En momentos de crisis y estrés financiero, cobran protagonismo los fondos enfocados en empresas con dificultades financieras u operativas, los llamados distressed funds. Centrados en la reestructuración, pueden tener un enfoque más financiero – readecuar y renegociar el pasivo – u operativo, implementando mejoras que recuperen la rentabilidad.

¿Cuáles son los principales puntos de atención?

Antes de buscar un socio financiero, destacamos cuatro aspectos fundamentales para el éxito de la operación y de la relación posterior:

  1. Haga la tarea. Reflexione sobre su perfil como gestor y sus objetivos para los próximos años – esto orienta la elección del fondo. Cuide también la organización contable y financiera: en la due diligence, pasivos y contingencias (laborales, fiscales, ambientales, etc.) que no estén comprendidos, mapeados y, en la medida de lo posible, mitigados pueden hacer inviable el negocio. Un control financiero eficiente es indispensable.
  2. Elija una buena asesoría financiera. El asesor ayuda a destacar las cualidades estratégicas que sustentan la tesis de inversión, defiende técnicamente la valuación y discute las contingencias con los inversionistas para maximizar el valor del negocio. Además, conduce un proceso estructurado y competitivo que permite conocer varios fondos al mismo tiempo, preserva la confidencialidad y apoya la negociación del memorando de entendimiento, los contratos y el acuerdo de accionistas.
  3. Elija un buen despacho de abogados. Abogados societarios con experiencia en M&A son esenciales para defender sus intereses en los contratos y el acuerdo de accionistas y para formalizar lo negociado sobre gobierno corporativo y gestión. Cláusulas como tag along, drag along, derecho de veto, designación de ejecutivos, desempate en el directorio, antidilución y opciones de compra (calls) y de venta (puts) deben discutirse en la etapa final del proceso.
  4. Haga una due diligence del fondo. Antes de decidir, converse con empresas en las que el fondo ya invirtió o que trabajaron con sus gestores. Aproveche la experiencia de quienes ya vivieron las ventajas y desventajas de esta asociación – esto reduce sorpresas en la relación después de la transacción.

Fuentes

  1. TTR Data – Informe anual sobre el mercado transaccional brasileño, 2025 (en portugués).
  2. Fusiones y adquisiciones suman R$ 210.700 millones en 2026, con menos operaciones (datos TTR Data hasta agosto de 2026; en portugués).

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